La diferencia como costumbre y la ruralidad como vanguardia en inclusión

La diferencia como costumbre y la ruralidad como vanguardia en inclusión

Un encuentro nacional de docentes celebrado en la Universidad de Magallanes, analizó los beneficios del aula multigrado, la estrecha alianza escuela-familia, y los desafíos de implementar la Ley TEA en las comunidades escolares.

El Congreso nacional “Educar para Comprender”, realizado recientemente en la Universidad de Magallanes (UMAG), trascendió la mera actualización académica y las brechas en la implementación de la Ley de Trastorno del Espectro Autista (TEA). 

En forma paralela, se reunió la Mesa Técnica Intersectorial de Ruralidad, formada por representantes de diferentes instituciones, que analizaron las particularidades, necesidades y brechas para la implementación de prácticas inclusivas y de la Ley TEA, en establecimientos rurales. 

¿Son más o menos inclusivas estas alternativas académicas? Según la dirigenta nacional de las y los profesores, Graciela Álvarez Rojas, hoy las familias urbanas buscan activamente la matrícula rural. Según los antecedentes que maneja la especialista, este fenómeno migratorio inverso encuentra en estas instituciones un “refugio pedagógico”, pues “al ser una escuela rural, pequeña y amigable, se convierte en un espacio seguro; un entorno protegido donde la comunidad escolar protege la dignidad del estudiante”.

El aula multigrado: laboratorio y refugio 

La modalidad multigrado es un sistema educativo donde un(a) solo(a) docente enseña a estudiantes de diferentes edades, niveles o grados escolares, de forma simultánea en la misma aula. Así es la típica sala de clases lejos de la ciudad.

Escuela Diego Portales, Villa Tehuelches

Este entorno rompe la estructura lineal de la enseñanza tradicional, permitiendo que la diversidad no sea una imposición administrativa, sino una práctica intrínseca. En estos espacios, la interacción entre niveles de aprendizaje facilita que la diversidad se gestione de manera fluida, permitiendo a las y los estudiantes transitar entre grupos, según sus competencias reales y no por edad.

Graciela Álvarez Rojas

Álvarez planteó este tipo de cuestiones en su ponencia “Ruralidad en educación: desafíos para la inclusión y la implementación de la Ley TEA”. Según la evidencia que compartió con sus colegas, el aula multigrado ofrece beneficios determinantes para el estudiante en la condición del espectro autista. Uno de ellos es la diversificación orgánica e intercultural, pues esta convivencia de distintos niveles y orígenes culturales, fomenta una interacción social protegida, donde la diferencia es el denominador común y no la excepción. 

El modelo permite, además, que estudiantes con perfiles de alta competencia en áreas específicas, puedan avanzar con sus pares de niveles superiores, sin las restricciones del currículo rígido por grado. “Lo mismo pasa con estudiantes con trastorno espectroautista de altas capacidades, que también pueden avanzar y, dependiendo del nivel, ir por los grupos aprendiendo de una manera distinta. O sea, ahí la aplicación de la enseñanza diversificada se da a per se”, confirmó la docente. 

El vínculo Escuela-Familia frente a la estandarización

El análisis estratégico del congreso identificó una amenaza creciente en los entornos urbanos: la “trampa de la estandarización”. En las ciudades, la presión por resultados en mediciones nacionales y la densidad de alumnos por sala, suelen priorizar la instrucción masiva, convirtiendo el aula en un entorno hostil para la neuro divergencia. 

Por último, destacó que al integrar, en el mismo espacio, recursos como la Biblioteca—CRA y laboratorios, se minimizan las transiciones bruscas y la incertidumbre, factores críticos en la regulación emocional de el o la estudiante autista.

Frente a esta competitividad deshumanizada, la ruralidad rescata el modelo de “escuela-familia a la antigua”, dice la profesora acerca de esta red de soporte crítico basada en la confianza y el conocimiento profundo de la trayectoria de cada estudiante. Esta cohesión comunitaria asegura que el aprendizaje sea significativo, y que impacte directamente en el medio inmediato del estudiante. En otras palabras, en lugar de forzar al niño o niña a adaptarse a un sistema inflexible, la comunidad rural ajusta el entorno, garantizando una auténtica pertenencia que trasciende el acceso formal a la matrícula. 

“Yo creo que ahí hay que ponerle más atención a lo que está pasando en el aula multigrado y, quizás, llevar ciertos aspectos, los posibles de aplicar en el aula regular, a la escuela urbana”, concluyó Álvarez. Para Patricia Henríquez Concha, Jefa de la Carrera de Pedagogía en Educación Diferencial y Jefa de la Unidad de Gestión Curricular de la UMAG, “este Congreso marca el paso definitivo de la reflexión a la acción concreta. La inclusión no es una tarea aislada; se fortalece cuando articulamos responsabilidades compartidas para generar respuestas pertinentes a nuestra realidad regional”.