Congreso nacional docente: abordan derecho y desafíos de inclusión de la neuro divergencia en el aula

Congreso nacional docente: abordan derecho y desafíos de inclusión de la neuro divergencia en el aula

Un encuentro nacional de docentes celebrado en la Universidad de Magallanes, analizó los beneficios del aula multigrado, la estrecha alianza escuela-familia y los desafíos de implementar de manera sistémica la Ley TEA en las comunidades escolares de Magallanes.

En un momento crucial para las políticas de neurodiversidad en el cono sur, el Auditorio Ernesto Livacic de la Universidad de Magallanes (UMAG) fue escenario del Congreso “Educar para Comprender: Inclusión, Neurodiversidad y Estrategias para el Aula”. Celebrado en modalidad híbrida a nivel nacional, fue un espacio donde docentes y otros actores vinculados a la educación, compartieron reflexiones técnicas, éticas y pedagógicas que redefinen el derecho a la educación de las y los estudiantes autistas en Chile.

El encuentro fue organizado por una alianza entre la Carrera de Pedagogía en Educación Diferencial de la UMAG, el Colegio de Profesoras y Profesores Regional Magallanes A.G. y el Departamento Provincial de Educación. Alicia Aguilante Vargas, Presidenta Regional del Colegio, comentó que esta actividad nació porque “el profesor de aula siempre se quejaba de que hay capacitaciones para los programas PIE, pero ¿quién se acuerda del profesor de aula? Que son los profesores que más tiempo están con nuestros estudiantes”

Reconociendo que la inclusión efectiva no es el resultado de esfuerzos individuales, sino de un ecosistema interinstitucional que garantiza trayectorias educativas protegidas, las posturas compartidas propusieron un cambio de paradigma sistémico: de la integración administrativa y burocrática, a una participación real, donde el entorno escolar asume la responsabilidad de desarticular sus propias barreras sensoriales y comunicativas.

En la apertura del congreso, las autoridades universitarias definieron la educación inclusiva como la expresión más alta de la equidad y la pertinencia territorial de una institución pública comprometida con el desarrollo humano. En tanto, el Seremi de Educación, José Alvarado Díaz, fue enfático en afirmar que la Ley N.º 21.545 (Ley TEA) debe traducirse en apoyos verificables y en una lectura situada de las realidades regionales, impulsando culturas escolares donde el trato digno no sea una aspiración, sino un estándar operativo, y el cimiento de una nueva cultura escolar de respeto.  

“Comprender antes de intervenir”

El segundo bloque del encuentro, profundizó en cómo el bienestar emocional y la innovación tecnológica actúan como facilitadores de la autonomía. 

La Dra. Mónica Miranda Tureo, Directora Regional de la Superintendencia de Educación, estableció un axioma fundamental: “comprender debe anteceder a intervenir”. Miranda sostuvo que la desregulación emocional no debe interpretarse como una falta disciplinaria, sino como una comunicación de sobrecarga que exige un plan preventivo, basado en el conocimiento profundo del perfil sensorial y no en el control reactivo.

Daniela Venegas, fundadora de EmotionApp, presentó la tecnología de asistencia como una herramienta de emancipación. Su enfoque subrayó que el diseño de soluciones digitales sólo es inclusivo si favorece la autonomía y la comunicación funcional, y debe estar siempre mediado por la ética y la pertinencia pedagógica, para que el o la estudiante autista navegue su entorno con mayor predictibilidad.

Finalmente, el Dr. Sebastián Zenteno Osorio, académico de la Universidad de Las Américas, presentó los hallazgos de un estudio de alto impacto realizado con 242 estudiantes autistas de cuatro regiones del país, utilizando la técnica de “fotovoz”.

Su análisis diferenció con rigor el simple “acceso” escolar de la “pertenencia real”. Según los predictores de calidad de vida identificados por Zenteno, el éxito de la inclusión debe medirse bajo tres pilares: autodeterminación, seguridad emocional y valoración social.

Autorregulación emocional del docente

Uno de los puntos de mayor densidad académica fue la ponencia magistral del Dr. Osvaldo Hernández, investigador de la Universidad Católica del Maule. Hernández introdujo el concepto de la “doble empatía”, argumentando que las dificultades de comprensión son recíprocas: el docente a menudo fracasa en interpretar la comunicación del estudiante tanto como el estudiante tiene desafíos para entender las expectativas del entorno. 

“En el 2024 realizamos un estudio y vimos que aquellos maestros que utilizan más revaluación cognitiva de las emociones, son más propensos a (…) manejar la ansiedad de los niños autistas. Eso deja un claro marcador de cómo los maestros organizan y regulan sus emociones. Son un predictor clave de las estrategias pedagógicas que utilizan para responder a las necesidades socioemocionales de los niños y las niñas autistas”, aclaró. Este hallazgo es revolucionario para la política pública, al situar la autorregulación emocional del docente como el principal predictor del éxito inclusivo.

Una práctica de anticipación y respeto

Carola Delso Pavez, fonoaudióloga y magíster experta en estrategias didácticas para TEA, planteó un contundente rechazo a cualquier enfoque de control físico en situaciones de crisis. Su propuesta se centró en la “regulación compartida” y la comunicación accesible, estableciendo que la contención debe ser un proceso preventivo basado en la anticipación y el respeto a la dignidad.

La práctica cotidiana fue ejemplificada por un equipo multidisciplinario de la Escuela Villa Las Nieves. Este panel demostró cómo la colaboración entre diversas disciplinas permite ajustar la instrucción y los perfiles sensoriales de manera que la neurodiversidad no sea un obstáculo, sino una condición del aprendizaje.

Finalmente, se presentaron las conclusiones de la Mesa Técnica Intersectorial de Ruralidad, un espacio donde se identificaron brechas territoriales críticas, y necesidad de garantía estatal en áreas como el transporte, la conectividad digital y la salud, para asegurar el acceso físico a los centros educativos, reducir la inequidad tecnológica, y contar con especialistas en el territorio para diagnósticos y apoyos oportunos. 

Patricia Henríquez Concha, jefa de la carrera de Educación Diferencial, subrayó que el legado del evento debe ser la consolidación de redes profesionales permanentes en la región, que pasen de la reflexión a la acción y generen respuestas pertinentes.