“Hay que ser una enfermería más humana, no sólo de la jeringa y el antibiótico”

“Hay que ser una enfermería más humana, no sólo de la jeringa y el antibiótico”

En el contexto de las II Jornadas de Investigación en Enfermería, la académica de la Universidad de Santiago, Lucía Castillo, expuso los resultados de su investigación etnográfica sobre la maternidad migrante, denunciando la falta de redes de apoyo y los prejuicios que persisten en el sistema de salud chileno.

El pasado 29 de mayo, a propósito del aniversario de la carrera de Enfermería, la Universidad de Magallanes (UMAG) fue sede de una profunda reflexión sobre el rol social de la salud. La invitada principal, académica de la Universidad de Santiago de Chile e investigadora del Centro de Estudios Migratorios, Lucía Castillo Lobos, compartió con docentes y estudiantes de las ciencias de la salud, los hallazgos de una “saga” investigativa que ha marcado su carrera de 25 años como enfermera. 

Para Castillo, este camino ha sido una revelación personal, confesando que “nunca pensé que yo finalmente como enfermera tendría este trabajo que iba a desempeñar en esto, y menos que iba a ser tan feliz y que me iba a dar tantas satisfacciones”.

Su investigación, titulada “Prácticas culturales de los hijos e hijas de madres migrantes latinoamericanas en Chile”, nació de una inquietud por los fenómenos sociales que influyen en la salud. Durante su labor en el sistema público, la profesional observó que existían discursos construidos “sin mucho análisis de mirar al sujeto, de mirar al otro, a las personas que nosotros como enfermeros cuidamos, sin mirarlos críticamente”. Esta falta de mirada profunda, la llevó a realizar una etnografía donde “caminó” con las madres en micro, al médico y a la municipalidad para entender su realidad desde la cotidianidad.

Discriminación y subalternidad

Uno de los puntos más críticos de su relato fue la identificación de patrones de opresión basados en el género, la clase social y, muy fuertemente, el color de la piel. Según Castillo, “las mujeres afrodescendientes son mucho más ubicadas en un espacio social de subalternidad que una mujer migrante blanca. A veces, se hacen invisibles simplemente, no existen”.

La investigadora relató episodios de violencia física extrema hacia mujeres negras en la vía pública, como lanzamientos de botellas o agresiones directas, situaciones que no se replican con la misma frecuencia en otros grupos migrantes. “De todas las mujeres que yo he tenido posibilidades de hablar en mi carrera, yo he escuchado de las mujeres negras, relatos de que han sido violentadas físicamente en la calle”, advirtió.

El sistema de salud y la “mirada vigilante”

Las Jornadas tuvieron una amplia convocatoria estudiantil.

Respecto al sistema de salud chileno, aunque reconoció su solidez institucional, Castillo criticó la forma en que se aborda la interculturalidad, calificándola en ocasiones como algo meramente lingüístico o de forma, pero no de contenido. Explicó que muchas madres no pueden cumplir con los controles infantiles por trabajos precarios o falta de redes de apoyo, lo que activa un juicio inmediato del sistema: “al no cumplir lo que el sistema dice, eres una mamá despreocupada, eres una mamá negligente… el sistema te mira con sospecha”.

Esta falta de redes es, para la académica, el elemento distintivo de la vulnerabilidad migrante. Mientras una madre chilena en pobreza puede tener un apoyo cercano, la mujer extranjera suele estar sola. Esta realidad impacta directamente en los niños y niñas, quienes son “los que van a regir los destinos de Chile”, y que hoy se crían en contextos de trauma o exclusión.

Un llamado a las nuevas generaciones

Finalmente, Castillo envió un mensaje directo a las y los estudiantes de Enfermería, instándoles a salir de los centros de salud, y recorrer los barrios. Para la académica, el cuidado debe ser personalizado y sensible al contexto. “Ir más allá de esa estandarización del cuidado, porque lo que te sirve a ti no necesariamente me sirve a mí”.

Su conclusión fue un llamado a la acción y a la vocación. “Hay que hacer una enfermería más humana, no sólo de la jeringa y el antibiótico. La enfermera, el enfermero, tiene que ser agente de cambio; tiene que hacer la diferencia”.

Lucía Castillo con su colega Claudia Eterovic.