Violencia escolar: académico llama a fortalecer comunidades educativas y priorizar la prevención tras caso en Calama

Violencia escolar: académico llama a fortalecer comunidades educativas y priorizar la prevención tras caso en Calama

-El psicólogo y académico Sergio Saldivia advirtió que las respuestas centradas solo en la seguridad o el castigo resultan insuficientes y subrayó la necesidad de trabajar simultáneamente en salud mental, convivencia y participación escolar.

La reciente situación de violencia escolar ocurrida en la comuna de Calama reabrió el debate nacional sobre las condiciones de convivencia y los mecanismos de prevención en los establecimientos educacionales. En este contexto, el académico del Departamento de Piscología de la Universidad de Magallanes y especialista en liderazgo educativo y convivencia escolar, Sergio Saldivia Córdova, entregó una mirada experta sobre los desafíos que enfrentan hoy las comunidades educativas.

Durante su participación en el video podcast institucional Región en Diálogo, el profesional calificó el hecho como “un caso extremo y límite”, pero sostuvo que permite visibilizar tensiones que se han acumulado en los últimos años al interior del sistema escolar.

Más allá de la reacción

Saldivia explicó que las respuestas institucionales no pueden limitarse a medidas reactivas frente a episodios de violencia, sino que deben considerar una estrategia integral que aborde los distintos niveles de la comunidad escolar.

“El Ministerio de Educación propone un modelo que mira la escuela en múltiples niveles, donde en la base está el trabajo formativo y preventivo con toda la comunidad, y en la cúspide los casos que requieren intervención específica”, señaló.

En esa línea, enfatizó que la convivencia escolar no es un resultado automático, sino un proceso que se aprende y se construye en la vida cotidiana de las escuelas, mediante relaciones de confianza, participación y sentido de pertenencia.

Salud mental y redes de apoyo: factores clave tras la pandemia

El académico también vinculó el aumento de tensiones en los establecimientos educacionales con el impacto social y emocional de la pandemia, advirtiendo que muchas comunidades aún se encuentran en proceso de recuperación.

Según explicó, los establecimientos no siempre cuentan con las herramientas suficientes para abordar situaciones complejas por sí solos, por lo que se requiere fortalecer las redes externas, especialmente en el ámbito de la salud mental.

“Cuando hay violencia física o bullying, la escuela no puede resolver todo sola; es parte de un sistema social más amplio y la red asistencial de salud necesita más recursos”, indicó.

Medidas punitivas: soluciones de efecto limitado

En medio de las propuestas surgidas tras el caso de Calama, como la instalación de detectores de metales en colegios, Saldivia advirtió que este tipo de medidas pueden generar una sensación de seguridad, pero no abordan las causas profundas de la violencia.

“No está probado internacionalmente que los detectores de metales reduzcan este tipo de eventos. Los problemas sociales son complejos y la seguridad real se construye desde las interacciones diarias y el sentido de comunidad”, afirmó.

Asimismo, sostuvo que las respuestas exclusivamente punitivas tienen un alcance limitado, ya que el castigo solo enseña a evitar sanciones, pero no promueve el desarrollo de conductas prosociales.

El rol de las universidades en la formación de comunidades educativas

Desde la Universidad de Magallanes, Saldivia destacó el papel que cumplen las instituciones de educación superior en la generación de conocimiento, acompañamiento y formación para docentes, estudiantes y familias.

En ese sentido, señaló que la universidad ha impulsado proyectos orientados a fortalecer la participación estudiantil y la toma de decisiones al interior de las comunidades educativas, como una forma de promover la convivencia democrática y el respeto por la diversidad.

Prevención en múltiples frentes: una tarea compartida

Como conclusión, el académico subrayó que la prevención de la violencia escolar requiere un trabajo simultáneo en distintos ámbitos: políticas públicas, recursos para salud mental, formación socioemocional y construcción de comunidades inclusivas.

“Lo que genera conductas prosociales es el sentido de pertenencia y participación. Sentir que soy parte de la comunidad es lo que permite reaccionar antes de que ocurran crisis límite”, puntualizó.