Académico y especialista en neurofisiología analiza cómo el cuerpo y el cerebro enfrentan ambientes extremos

Académico y especialista en neurofisiología analiza cómo el cuerpo y el cerebro enfrentan ambientes extremos

-El doctor Cristian Núñez Espinosa, investigador principal del CADI-UMAG y académico de Medicina de la Universidad de Magallanes, abordó los desafíos fisiológicos y psicológicos que enfrenta el ser humano en condiciones extremas, como la microgravedad en misiones espaciales o el aislamiento en territorios australes.

¿Qué le ocurre al cuerpo humano cuando abandona la Tierra y se enfrenta a la microgravedad? ¿Cómo responde el cerebro ante el aislamiento, la oscuridad o la incertidumbre? Esas fueron algunas de las interrogantes abordadas por el doctor Cristian Núñez Espinosa, investigador principal del Campus Asistencial Docente (CADI-UMAG), académico de la carrera de Medicina e integrante del grupo de investigación Neurofisiología Integrativa Molecular Austral Chilena de la Universidad de Magallanes (NIM-ACh), durante su participación en el video poscast Región en Diálogo de UMAG TV.

La conversación se dio en el contexto del interés mundial por la reciente misión Artemis II, que busca orbitar la Luna y avanzar en la exploración espacial. Desde su mirada como especialista en neurofisiología y regulación autonómica cardíaca, Núñez explicó que estos viajes representan “un desafío fisiológico sumamente importante”.

“Todo lo que nosotros conocemos de la medicina y las carreras de la salud parte de la base de la fuerza de gravedad. Nuestra fisiología está adaptada para tener una fuerza de gravedad y cuando yo someto al cuerpo a una microgravedad, todo se desconfigura”, afirmó.

El investigador detalló que existen cuatro grandes ejes afectados en estos contextos: la distribución de líquidos corporales, el sistema cardiovascular, la musculatura y el equilibrio. “Cuando tú no tienes gravedad, los líquidos corporales ya no se acumulan de la misma forma y muchos de ellos se acumulan en la parte superior del cuerpo, lo cual es un gran desafío cardiovascular y autonómico”, señaló.

En ese sentido, explicó que si bien en una misión breve los efectos óseos son menores, sí se observan cambios importantes en la musculatura y en el sistema cardiovascular. “Por eso cuando los ven salir de las naves les cuesta caminar, porque es toda una adecuación que tiene que hacer el cuerpo”, comentó.

Consultado sobre el rol del cerebro, Núñez fue categórico: “El cerebro es el director de orquesta acá, todo pasa por el sistema nervioso”. Agregó que la adaptación no es solo física, sino también psicológica, por lo que los astronautas son preparados mediante simulaciones de microgravedad y entrenamiento emocional para enfrentar la experiencia.

En este punto, el académico comparó estos desafíos con situaciones vividas en la Antártica. “Lo comparo con lo que pasa en la Antártica con dotaciones que están aisladas un buen tiempo; es fundamental cómo se comportan socialmente para estar bien físicamente o fisiológicamente”, explicó.

Desde la región más austral del país, el científico destacó que Magallanes es un escenario privilegiado para investigar la adaptación humana. “Sí, pero lo ampliaría un poco más. Es un desafío porque muchas personas piensan que por haber nacido acá ya están adaptadas y no les pasa nada, y no es así”, advirtió.

Entre los estudios recientes, mencionó investigaciones realizadas con personal militar en la Antártica y también con habitantes de Magallanes. Uno de los hallazgos más relevantes fue la disminución del Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF) después del invierno. “Vimos que después del invierno disminuye el BDNF, es decir, disminuye esa capacidad de generar redes neuronales”, indicó.

Además, resaltó el desarrollo tecnológico impulsado desde la UMAG. “Nuestro grupo de investigación creó gracias a Matías Castillo, una forma de detectar la señal de un dispositivo y traducirla para observar los cambios autonómicos del corazón; es tecnología hecha acá por magallánicos”, destacó.

Finalmente, Núñez reflexionó sobre los límites humanos frente a estos desafíos. “Yo diría que no hay límites, aunque siempre haya uno: la adaptación puede producirse paulatinamente, pero el límite está donde tú pongas en riesgo tu vida”, concluyó.

Desde la exploración espacial hasta el estudio del envejecimiento en ambientes australes, la ciencia desarrollada en la Universidad de Magallanes busca posicionar a la región como un laboratorio natural para comprender cómo el cuerpo y la mente humana enfrentan condiciones extremas.